No todos sueñan con vivir un cuento de hadas.
Señoritas de humildes apellidos, jóvenes damas de alta alcurnia, príncipes de sangre fría y wicas con el poder de controlar los elementos.
¿Qué tienen en común? Todos desean su final feliz.
Señoritas de humildes apellidos, jóvenes damas de alta alcurnia, príncipes de sangre fría y wicas con el poder de controlar los elementos.
¿Qué tienen en común? Todos desean su final feliz.
Rebeca es la hija del duque Bergamota. Ella tuvo una vida fría y carente de atención al ser la hija menor de dos hermanos mayores.
A sus diecisiete tuvo que romper su compromiso con el gran duque del reino Dorzak a pedido del emperador, porque el príncipe heredero la deseaba como su futura esposa.
Las cosas parecen ir bien, sin embargo, aparece Eleanora, quien bajo la careta de la dama en apuros, se roba la atención del príncipe heredero, el cual rompe el compromiso en medio de un escándalo.
Rebeca es desechada y obligada a retirarse al ducado de sus padres, en donde descubre que ha sido comprometida con el gran duque, de nuevo.
Su matrimonio empieza mal y termina en desgracia.
Ella no lo sabe, pero un pacto de magia negra provoca que el tiempo retroceda, y que Rebeca tenga una segunda oportunidad.
¿Qué hará con la información que sabe? ¿Luchará por el amor del príncipe o del gran duque?
>>>Libro 1
Rebeca se sentía demasiado cansada como para suspirar.
El cansancio era cada vez peor, ni siquiera lograba alimentar a sus gemelos recién nacidos, porque sus senos dejaron de producir leche a la primera semana. Pese a todos los esfuerzos del médico por estabilizarla, la recuperación del parto se hacía cada vez más lejana y nadie entendía el por qué.
El médico había recomendado mucha luz, buena ventilación y alimentos ricos en nutrientes, era lo que en parte el gran duque había ordenado.
“¿Qué pasará con mi familia?”, se preguntó ella luchando por respirar con esfuerzo, era el peor momento, cuando su reino empezaba a convertirse en imperio. “Y justo cuando resolví las cosas con Duncan”.
—Su Gracia, la vizcondesa La Monique ha venido a visitarla —La mucama permitió ingresar a la invitada y se retiró sin esperar una orden de su señora.
Se había vuelto común los últimos días.
Una sonrisa cálida surgió de Rebeca al ver a su amiga, sus visitas habían sido muy frecuentes después del parto.
—Ma-mariom…
Debía emplear mucho esfuerzo para articular las palabras, apenas si levantó los dedos de su mano en son de saludo.
—Bebe algo de té —Su amiga tomó los utensilios que descansaban en la cómoda junto a la cama, la enferma pudo sentir el dulce aroma de la vainilla y algo especiado que no pudo discernir—. Te ayudará a sentirte mejor, yo misma lo recolecté para ti.
“Mariom, qué buena eres”, pensó Rebeca.
Era su mejor amiga, y le había ayudado en la locura de sus intentos para salvar su matrimonio. Rebeca había tenido problemas para concebir y por desgracia el resultado de sus primeros intentos terminó en dos niñas enfermas.
Su matrimonio ya había sido un desastre y con ello empeoró aún más.
Estuvo a punto de enfrentar un escandaloso divorcio y ser enviada al palacio imperial como una consorte hasta que se embarazó de sus gemelos. El actual emperador había lanzado la orden que una mujer noble de cada familia de rango conde a marqués que no había concebido un varón, tenía el deber de servir a su imperio produciendo un varón para el emperador.
Negarse significaba la ejecución de las cabezas de familia.
En su adolescencia, Rebeca había tenido que ceder a los deseos del rey fallecido y romper su compromiso en una fatídica fiesta de té para ser convertida en la princesa heredera.
“Qué tonta había sido”, ella recordó el buen trato del príncipe heredero y sus vanos intentos por seducirla antes del matrimonio, ella lo había evitado como dictaba la etiqueta y su educación de buena dama.
Todo llegó a su fin cuando apareció la chica dorada que era el epítome de la inocencia y la dama en apuros perfecta; entonces Rebeca fue lanzada de vuelta al principio, descartada al igual que un objeto sin valor en menos de un suspiro.
Al ser hija de un duque de alta alcurnia, ella retornó a su hogar en busca de un refugio.
Por desgracia, no pasó mucho tiempo y sus padres la obligaron a casarse con su primer compromiso sin dilaciones, Duncan era el gran duque del Roble, miembro de la orden del dragón que se encargaba de la defensa del reino. El último de su línea de sangre que partiría a la guerra y debía dejar un heredero.
La tragedia había continuado con la poca aceptación de su esposo hacia ella. La guerra y los deberes imperiales los apartaron cada vez más.
En secreto, Mariom la había ayudado a concebir su primera hija con ayuda de unas hierbas, por desgracia, la niña era débil y se presumía que tenía algún retardo. Eso había enfurecido al Gran duque.
—Si no podías concebir, debiste dejarlo así.
Su esposo no la tocó por más de un año.
En su reclusión autoimpuesta, Beca ya no había recibido a nadie, no salía y solo se enfocaba en la gestión del ducado a favor de su esposo, era la gestión más perfecta según su administrador y mayordomo. Pero para Duncan no había parecido así, porque siempre se mostró distante con ella y su hija enferma.
Su segunda hija nació de casualidad, para ello Rebeca siguió consumiendo las hierbas, por si acaso; pero la niña tenía los pulmones débiles.
Rebeca buscó a los mejores doctores y gracias a Mariom logró encontrar a uno poco ortodoxo que mejoró la calidad de vida de sus hijas; el precio fue que la segunda niña partiría con el médico y éste solo respondería al Gran duque.
A ella no le importó si con ello su hija mejoraba.
Meses después, un voraz incendio en las habitaciones de la mansión se llevó la vida de su primogénita durante la noche de su tercer cumpleaños y Beca terminó el luto sola mientras su esposo volvía a la guerra con un nuevo reino.
Él no le escribió ni siquiera una carta.
Hasta que el gran duque llegó hecho una furia al tercer mes del siguiente año, despachó a todos los sirvientes y caballeros de la casa. Trajo nuevo personal y no le habló a ella por semanas, incluso prohibió las visitas en lo que terminaba el año.
Una noche se acercó a ella, bebido y con todas las penas del mundo, Beca solo cedió y terminó embarazada. Fue el embarazo más agónico que tuvo, por suerte, sus hijos nacieron sanos y fuertes.
Por desgracia, el precio había sido muy alto para Beca.
—Duncan será mío ahora, Beca.
Beca perdió el sueño en el que había estado entumecida.
Los labios sonrosados por el labial de su amiga se estiraron en una grotesca mueca.
“¿Mariom?”
—Y tus mocosos terminarán en algún internado, existen muchas maneras de deshacerme de ellos después. ¿No es lo mejor Beca? Que se larguen contigo al infierno al igual que tus hijas.
Beca no lograba entender a su amiga.
Mariom se inclinó sobre Beca que ya se encontraba paralizada por la impresión de sus palabras—. Vas a morir por usurpar mi lugar, maldita.
Su mirada desdeñosa no arruinó la belleza de Mariom, era una joven dama muy hermosa.
—Tú…
—Sí, no sabes cuánto te odio. Tú debiste ser su consorte, ese maldito emperador no dejaba de nombrarte cada noche…no sabes la desgracia que has causado a todas las mujeres de este imperio —gruñó con furia—. Duncan debió despacharte en cuanto supo que mataste a tus hijas —Las puertas se abrieron se golpe y ella se apartó.
Beca abrió los ojos sin lograr comprender lo que había escuchado.
—Beca —Duncan ingresó en la habitación vestido para la guerra, tiró sus pesados guantes de acero a un lado, éstos estaban salpicados en sangre al igual que el perfecto rostro de Duncan. Él caminó directo hacia la cama pasando de largo a la invitada sin siquiera reparar en ella.
Duncan olía a sangre y muerte.
«¡Duncan!» Los labios de Beca ya no le respondían. Temió lo peor…y ella había tomado la bebida que Mariom le había dado… «¿Qué hice?»
Lágrimas emergieron de sus ojos de solo ver la sonrisa camuflada de Mariom, su esposo estaba muy enfocado en ella como para notarlo siquiera.
—Duncan, es una noticia tan lamentable —Habló Mariom a sus espaldas—, cumpliré el último deseo de Beca cuidando de sus dos adorados hijos.
“¡No!”
Duncan se giró sin soltar las manos de Beca—. Largo.
Mariom parpadeó en sorpresa, no lo había esperado. Estaba más que segura que lo había engatusado con sus atenciones, y sus palabras finales habían estado dispuestas para los oídos de Duncan.
—Pe-
La mano de Duncan se posó sobre el mango de su espada.
— Su gracia.
La puerta se cerró con un suave clic.
Beca no escuchó el sonido metálico que provino después.
Él se giró apoyando su frente contra sus frías manos—. Beca, el médico imperial llegará pronto —Besó los nudillos de su esposa con total arrepentimiento por haberla dejado tan descuidada. Desde un principio había hecho las cosas muy aceleradas y todo acabó en la desgracia—. Resiste, por favor —Depositó besos sobre las manos que no respondían a su toque—. Fui el culpable por creer todo lo que decían…—Se paralizó al sentir el dulce aliento de Beca— ¿Qué demonios te dio esa bruja?
Era demasiado tarde, los pulmones de Beca empezaron a colapsar y la tos que surgió fue acompañada de sangre negra y granulosa.
—¡Beca!
«Nuestros hijos…Duncan, protégelos»
Fueron sus últimas palabras y su esposo no había podido escucharlas.