Él es un cazador que respeta la vida animal.
Mathew es un bastardo de clase B, una categoría que raya entre la case A de líderes militares y la clase C que se encarga de ejecutar operaciones del más alto nivel.
Como oficial pronto en ascenso dentro de La Organización, es enviado a una misión que será su examen práctico.
Que lo ignore es parte de su evaluación psicológica, pues a la Comandante le encanta estudiar el comportamiento humano.
La misión parecía sencilla, debía cubrir un puesto de vigilancia en terrenos rurales de la serranía peruana. Tiene a terroristas como vecinos, civiles poco cooperativos y una indigente que hurga su basura en busca de comida para la infame jauría de perros que la acompaña.
Él es un amante de los animales, y ha cometido masacres en su nombre de las que un asesino a sueldo estaría celoso. Y ya había sido advertido sobre cargar la misión por sus ideales.
Salvar a esa chica de sus decisiones lo meterá en problemas con La Organización, los terroristas y sus animales.
Nadie dijo que los Bastardos fueran sutiles o que su corazón dominara a la razón.
>>>Libro 1
Un día común y corriente en la ciudad Metropolitana.
Un hombre joven en sus veintes detuvo su moto todo terreno acondicionada al estilo Harley en cuanto la luz del semáforo dio en rojo. Con el botín de uso militar apoyado sobre la grava desmontó la moto con gracia felina, su chaqueta de cuero crujió con el suave movimiento despertando la atención de la policía de tránsito.
El sujeto le envió un beso en descarado saludo.
El día de la oficial de policía mejoró como nunca pensó en aquella fastidiosa mañana.
Volviendo con el sujeto, éste desvió su mirada hacia su blanco, las gafas de sol envolventes que usaba lo mostraban como un ser digno de sí mismo que contemplaba el ambiente con total indiferencia.
Su objetivo era el infeliz que bebía cerveza junto a un grupo de amigos fuera de un local muy conocido por ofrecer placer sexual dentro de algún rincón de aquel triste lugar, pero esa era una misión aparte.
«Hubiera sido una apuesta interesante», pensó divertido.
El desprecio hacia su blanco fue transmitido por su penetrante mirada.
El triste infame detectó que era acechado y giró su atención buscando al causante.
— Muere —susurró sin apartar la mirada confundiendo al objetivo cuando sus miradas se enfrentaron.
El motociclista desenfundó una SIG con silenciador, ésta no brillaba con el sol más bien parecía absorber la luz como un ser hambriento; solo fueron cuestión de segundos, los ojos del infame se abrieron como platos.
Fueron solo microsegundos.
El arma fue disparada en cuanto señaló a su víctima, luego fue guardada en su funda antes de que el cazador trazara su retirada a pie como un peatón más.
— Por allá oficial —señaló con la cabeza al tumulto de borrachos que rodearon al sujeto que aún se convulsionaba sobre el suelo; el tiro había sido perfecto y aún más perfecto que nadie lo hubiese notado en plena vía pública.
El cazador se retiró andando mientras los oficiales motorizados que pasaban por la zona se encaminaban a la escena.
Sin prisa o apuro, el cazador dobló por una esquina mientras los oficiales miraban a todas partes y se dirigían a la moto abandonada que acababa de ser reclamada por su verdadero dueño, un tipo muy similar al cazador.
Un hombre fornido de cabellos castaños, amante de las Harley y reventando de furia.
—¡Que la acabo de recuperar! —gritaba mientras era esposado.
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En las oficinas de La Organización, una joven mujer observaba apacible desde su sillón favorito hacia la pantalla de un ordenador portátil.
— Ha sido bizarro y estúpido —murmuró, sin embargo, sonrió con satisfacción, sus ojos amatista brillaban.
—Debería azotarlo —respondió un sujeto cubierto de un traje negro especial de la cabeza a los pies, tenía unas curiosas aplicaciones de color rojo que sólo podían atraer hacia una muerte segura—. No debe poner en riesgo a la Organización.
Ella lo miró por sobre el hombro—. Es un BASTARDO. Es SU deber.
Descolgó el teléfono y llamó al siguiente en la lista de su apretada agenda—. Tom, llámalo y no quiero ningún retraso —colgó limpiando una pelusa inexistente de su chaqueta de lino blanco, mientras su mirada ahora jade brillaba de diversión.
El hombre a su lado inclinó la cabeza a un lado atrayendo su atención.
—SAM encontró otro nido —murmuró el hombre, era lo único que permitía discernir la máscara, una voz sintetizada masculina. La noticia que acababa de recibir siguió con una risita que prometía ser decadente—. Quiere saber si deseas un suvenir.
Ella lo desestimó con una mano cuando la puerta se abrió de nuevo, otro de sus bastardos presentaría un informe y ella ya tenía demasiados suvenires.
Sus ojos se tornaron del color rojo sangre ante el nuevo ramalazo de emociones que empezaron a embargarla, frenó en seco las cruentas imágenes que circularon por su mente, y para serenarse no encontró mejor motivo que la última travesura de su rebelde cazador.