Escena Eliminada: Designio
Entrada del cuarto del tesoro de Vincent.
El par de guardias caídos que se mantenían apostados en su lugar, resguardaban en silencio la habitación de los tesoros que actualmente era ocupada por su líder y consorte. Llevaban a cabo esa tarea desde hacía un par de siglos atrás gracias a que habían perdido una absurda apuesta propiciada por Isidro.
Ese caído había sido el causante de las numerosas asignaciones suicidas que habían tenido las tropas de Vincent a lo largo del tiempo.
No eran los únicos que cuidaban el lugar, otros se encontraban en diferentes puntos, incluso controlando los accesos secretos.
―Dariel…si cierro las puertas, podríamos tener sexo sin control aquí.
«Mierda», pensó el guardia de la derecha, mientras la desesperación y el bochorno lo invadían.
Ya era suficiente que tuvieran que estar todo el día de pie, vigilantes e inmóviles, como para soportar ahora que su líder se diera un revolcón casi en sus narices.
«Te arrancaré las pelotas Isidro, nunca debiste haber puesto un pie aquí», pensó el guardia de la izquierda.
Se la tenía jurada a la mano izquierda no conocida de Vincent.
― ¡Ni lo sueñes!
Al menos la respuesta de la angelita les dio un respiro. Ambos dieron un suspiro de alivio.
―No entiendo cómo puedes hacer una pregunta tan descarada.
―No lo era.
Los guardias empezaron a sudar frío, Vincent estaba muy motivado en llevar a cabo su sugerencia.
Se escucharon algunos pasos en el interior.
―¿Hay un baño por aquí?
Ante la desdichada pregunta, el guardia de la izquierda gruñó para sus adentros.
A veces, ciertas palabras provocaban reacciones en los idiotas que no podían mantener la concentración, al menos, en eso tenían un férreo entrenamiento y no eran como los patéticos humanos que necesitaban comer todo el tiempo para vivir.
Entonces, algo llamó su atención y no pudo evitar girar el rostro hacia su compañero. Frunció el ceño al verlo sudoroso y tenso.
«¿Qué diablos te pasa?», preguntó a través de una senda psíquica. La misma que a veces utilizaban para jugar trivias en días muy aburridos.
«¿Cuánto crees que tarden en salir?». La urgencia en su tono.
«Idiota».
Su líder estaba de luna de miel, antojoso y descarado. No pensaba moverse hasta que obtuviera lo que deseaba.
«Aunque está silencioso», el caído tuvo que reprimir la necesidad de asomarse, no quería ver nada grave por error o violar el código de vigilancia, debían permanecer inmóviles hasta el cambio de guardia.
La esencia de su líder rodeaba toda la casa y tardaba mucho en integrarse con la misma cuando pasaba mucho tiempo en un lugar, por lo que aún podían sentirlo sin poder diferenciar si estaba o no dentro de la estancia.
Pasaron varias horas antes que se confirmara que no había nadie en la habitación y todo porque había llegado el equipo de limpieza que había empezado a alabar los cuidados del Amo Vincent sobre su compañera.
Destinada a un demonio.
Búsqueda
Entradas recientes
Categorías
Comentarios recientes