Escena Eliminada: ¿El destino de Luria?

En cierta zona residencial, un oscuro intercambio se realizaba.

— No llores, Luria —murmuraba la muchacha para sí.

Era la única ocupante de la lujosa limusina negra. Dos ángeles caídos armados se hallaban de pie sobre el asfalto, estaban recibiendo un portafolio sellado de un frío ser que sonreía observándola como un depredador.

— No llores, es lo mejor —repitió el mantra con los labios temblorosos.

Ella sabía que había nacido para ser ofrecida al mejor postor, ella lo sabía. Fue educada con ese fin y su amnesia no había sido eterna, fingir solo había aligerado su carga, el único consuelo que tenía era que tendría todo lo que quisiera a excepsión de su libertad.

 

« Naciste para aumentar el número de la raza».

« Elige Luria: ser un tesoro o una incubadora».

 

Una oscura sombra sobrevoló sobre los hombres alertando al equipo de vigilancia, pero ya era muy tarde, Luria observó cómo los mismos ángeles que su madre dirigía en secreto ahora perdían la cabeza con una espada de fuego; una de esas cabezas golpeó contra la luna de la ventana que terminó agrietándose. 

Luria chilló por el terror y se arrinconó contra el lado contrario cuando algo aterrador aterrizó frente a ella. 

Alas doradas amenazaron con cegarla.

— Ya estás a salvo, Luria.

Aquellas palabras cargadas de verdad no aliviaron los frenéticos latidos de su corazón, su madre le había advertido sobre ese tipo de monstruo y para su familia no existía el suicidio, hacerlo era semejante a entregarse a un nido de monstruos que podrían convertir su eternidad en verdadero sufrimiento en el infierno.

«Es lo que madre siempre dice», pensó Luria. «Pero me siento tentada a averiguarlo», pensó frenética.

— Tengo una misión para ti —anunció el arcángel Gabriel. Su mirada era compasiva—, cuidarás un tesoro que no debe ser corrompido, ni siquiera por su propia madre, al menos hasta que yo vuelva por él.

Luria negaba con la cabeza conmocionada.

 

« Jamás hagas tratos con ángeles».

 

Era algo que su madre le había advertido al enviarla a cumplir con su misión, porque según ella, era mucho mejor que servir de puta para un monstruo que tendría crías con ella hasta que estuviera satisfecho. El tiempo se había acabado y su madre se había sacrificado a sí misma para enviarla lejos.

Ella sospechaba que el ser que tenía en frente era aquel monstruo.

Destinada a un demonio.